Naturalmente, uno de los primeros pasos, y potencialmente el más difícil, es restringir el uso de la IA por parte de los empleados: solo debe aplicarse en escenarios en los que realmente agregue valor, aconsejan los autores.
Por ejemplo, cuando a los empleados o candidatos a un puesto se les permite diseñar libremente sus CV, es probable que utilicen IA generativa para “optimizar” su trabajo. Para evitar la pérdida de conocimiento, los reclutadores deben confiar en documentos estructurados que requieran respuestas objetivas que una IA no puede generar, por ejemplo, preguntarle a un candidato sobre un rol específico, proyectos completados, miembros del equipo involucrados, proveedores atendidos y presupuestos administrados.
Cuando el uso de IA generativa está permitido o es inevitable, las organizaciones deben definir qué valor se está agregando y establecer claridad en torno a las implicaciones, enfatizan Holweg y Davenport. «No es necesario que el contenido sea creado enteramente por humanos, pero si se utiliza IA, tenga claro por qué y cómo», escriben.


