Las críticas se refieren, entre otras cosas, a los riesgos legales relacionados con la legislación estadounidense, como la Ley de la Nube, que puede dar a las autoridades estadounidenses acceso a los datos, incluso cuando estén almacenados en Europa.
«Este proyecto es un ejemplo concreto del deseo del Primer Ministro y del gobierno de recuperar nuestra independencia digital», dijo en un comunicado David Amiel, viceministro de administración pública y reforma del Estado. «No podemos correr el riesgo de exponer nuestros intercambios científicos, datos sensibles e innovaciones estratégicas a actores no europeos. La soberanía digital es a la vez una necesidad para nuestros servicios públicos, una oportunidad para nuestros negocios y un seguro contra amenazas futuras».

